Amigos corrientes 普通朋友

Me preguntabas qué somos,
y yo feliz dije: amigos.
Amigos corrientes,
como si necesitáramos el “corrientes” para justificar esta farsa.
Ahora que veo tu alegría en forma de foto, me pregunto,
¿quieres ver mi felicidad?
Mi cuerpo no me sostiene, no pesa,
o quizás pesa demasiado,
tanto que resulta imposible mantenerlo.
La sangre no fluye y se paraliza,
este móvil, desde donde te escribo,
ha aumentado su peso en varios kilos desde que la ví; la foto, digo.
El estómago es una negra cueva,
donde los vivos mineros ya no sacan oro, sino carbón.
Mis dientes se empujan unos a otros, a medida que los ojos se van desprendiendo de su casa,
la que les cobijaba,
de su cavidad,
para salir a morir,
cayendo poco a poco,
como mi felicidad al verla; sí, tu foto.
Para pronto pasar a ser,
el estómago, los dientes, los ojos,
amigos corrientes.
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